CREATIVE DREAMS HS . Resumen VOL1

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CREATIVE DREAMS HS . Resumen VOL1

Mensaje por violeta el Sáb Ene 20, 2018 9:35 pm

La clase de GYM

 Laurne Rhenelec era una estudiante de segundo grado que había incursionado al equipo de animadoras hacía apenas un año. También se había consagrado como una de las “abejas reinas” de colegio junto a sus mejores amigas: Monique du Blanc la adinerada, bella y glamurosa líder del equipo de animadoras y Catherine Harrington, una chica famosa por su imbatible record de exnovios y prospectos, irremediablemente rubia de mente lenta.
 Laurane las había conocido años atrás, cuando vivía en los suburbios millonarios de la ciudad. En ese entonces eran niñas que gustaban de jugar muñecas, protagonizar las mejores fiestas infantiles y fantasear con los cantantes pop del momento. “Cat” y “Moni” habían sido vecinas y compañeras desde la escuela y, al paso de los grados, habían atesorado esos momentos más memorables durante la infancia y pubertad. Cuando Laurane pasó por un turbio momento en el que optó por marcharse de hogar, habían sido ellas quiénes la apoyaron con los medios que poseían, y no la juzgaron cuando aquella  decidió instarse en el departamento su mejor amigo.
Un nuevo curso en GreenHills High comenzaba y el trío de amigas, que se habían mantenido juntas hasta esta altura, eran mejor conocidas como ”las nutrias de Green High”. Populares y talentosas, a ojos de cualquiera eran casi celebridades para Green Hills High, o como localmente muchos le llamaban “CDHS”.
Era la primera clase de educación física, impartida por el intimidante profesor Scott, inoportunamente agendada antes que el receso en la cafetería, cosa que no le hacía particular gracia a Laurane. Como una adolecente con el apetito voraz de un felino de media tonelada, se vio obligada a acudir a la prueba de resistencia de esa mañana con el estómago vacío. Por fortuna gozaba de una excelente condición física, una que sólo podría forjarse gracias al arduo entrenamiento del equipo de las nutrias. Fue por eso que durante aquella primera prueba en el gimnasio no le costó trabajo desbancar a la mayoría de las chicas con quien competía en el test de resistencia. Todo parecía pan comido hasta que se dio cuenta que una peculiar chica de cabello azul lograba aguantarle el paso sin mayores esfuerzos.
Para una animadora con la talla de las “Nutrias” la derrota en desafíos físicos era un insulto, pues era precisamente la condición y disciplina física la bandera de dificultad con la que el equipo navegaba. Laure apretó el paso, no podía permitirse ser superada.
Sinembargo su contrincante mostró ese día una aún más formidable condición ganando la prueba del profesor Scott.






La Cafería

Como era de esperarse, la mesa más ruidosa del comedor  era aquella que se encontraba encabezada por el equipo de las bellas Nutrias y su equivalente masculino, el equipo de baloncesto de GreenHills High.
Arydan Kaylen era ese moreno por el que las chicas de primer año babeaban y soñaban toparse en los corredores. No solo era fornido, guapo y popular, también era uno de aquellos escasos preparatorianos que poseía un auto propio, por las tardes laboraba en una tienda de ropa, y en sus ratos libres podía darse el lujo de ser un hermano ejemplar. Aún tenía tiempo para liderar el l equipo de baloncesto. Como no podía ser de otra forma, desde finales del año pasado se había convertido en el novio oficial de Monique du Blanc. Formaban una pareja digna de una portada de revista juvenil, esa clase de pareja que en todo bachillerato solo se puede odiar o envidiar.
El ruido sobre la mesa sin embargo era mayormente avivado por Jason Kraft, el ocurrente mejor amigo de Arydan, solía inyectar toda la dosis de humor que cualquier barullo de un distinguido grupo popular preparatoriano requería. Aquella era la mesa exclusiva de las “super estrellas” del instituto, dónde era imposible pasar desapercibido y dónde conseguir un lugar era casi más honorifico y privilegiado que aparecer en la página honorífica del anuario.
El único chico que parecía desentonar entre los torsos fornidos y el glamour de féminas era el pequeño Ehonar Puregic, el “protegido” de Arydan y el secretamente eterno enamorado de Laurane.  A menudo era el blanco de las amigables burlas de Jason y la descarada apatía de Monique, pero Ehonar no le importaba aquello mientras estuviera cerca de, lo que él firmemente aseguraba, la chica mas bella del instituto: Laurane Rhenelec.  Aquél nuevo curso significaba la oportunidad de hacerse del suficiente valor y declarar su amor a la animadora castaña. Sin embargo primeramente tendría que superar las audiciones de baloncesto, ya que el protocolo no-escrito de GreenHills High parecía funcionar de esa manera, una nutria sólo podía ser novia de un jugador de baloncesto.
Cuando Laurane contó en la mesa lo ocurrido durante su reciente práctica de gimnasio había sido Monique quién se había sentido insultada. “La tiburona ”, aquella chica de cabello azul del equipo de natación, Naharwyn Neiss, había osado retar y ganar la prueba de resistencia a Laurane Rhenelec.   Eran pocos los que se atrevían desafiar a las nutrias, era algo impensable y todos lo sabían. Monique era una chica que no toleraba tales insultos, mucho menos cuando estos provenían de los estudiantes marginados como lo era esa extraña y arisca chica de tiente celeste. En ese instante, decidió ir hacia la lejana mesa dónde Naharwyn y su grupo de marginados, se sentaban en los recesos en la cafetería.
Se trataba de la mesa más apartada del recinto, un lugar donde solo los chicos de mala pinta podían acomodarse sin tropezarse accidentalmente con otro estudiante. Representaban lo peor de Green High, célebres por sus bajas notas y continuos reportes, en ese espacio sólo podía figurar ese estudiante que ya tenía barba y unos obscenos 20 años pero aún cursaba la preparatoria, Gárin Killian, se decía todo tipo de mitos sobre él; Estaba con ellos el autista y mudo Dalahir Wael, un chico intimidante de pocos dotes sociales y que pocos tenían el valor de hablarle; Virgilio Amblour de quien se sabía que distribuía toda clase de cosas infiltradas en el instituto, su mochila era un arsenal de cigarrillos y comprobantes médicos para quien quisiera saltarse alguna clase sin sufrir consecuencias en la boleta de asistencias; y Andreé D´Artemiz, el chico gótico que a menudo obscurecía el contorno de sus ojos y se decía que el año pasado había embriagado a la sobrina del profesor de historia y luego abandonado a su suerte en un barrio de mala pinta; Y luego estaban aquellas chicas. La Tiburona, Naharwyn Neiss y Marisa Carter, mejor identificada como la chica más ruda de todo el colegio. Era una castaña volátil y mal temperamento, usaba camisas holgadas y bebía alcohol en los baños. Si había alguien que tuviera las agallas de ir hasta esa mesa y enfrentar aquellos alumnos esa sólo podía ser Monique du Blanc.
Con su pedantería, la rubia fácilmente podía humillar a cualquier alumno, pero no a Naharwyn quién difícilmente se intimidaba con algo. La rubia se burló de sus atuendos raídos y su excéntrico tinte azul, pero Naharwyn contraataco con una teatral mofa imitando los bobos movimientos de las animadoras y haciendo una rima dónde abierta y descaradamente le había llamado “zorra”. Entonces todos supieron lo que significaba aquello, era una abierta declaración de guerra. Monique, ofendida, le aseguró que ella jamás estaría a su altura, y por tanto jamás podría ser animadora.
Una vez que Monique regró a su mesa, Marisa le propuso a Naharwyn hacer la prueba para calificar en el equipo de animadoras y así demostrarles a las engreídas nutrias que aquella peliazul estaba más que cualificada para el equipo.

Las Optativas

Unas mesas más alejadas, la representante del consejo estudiantil y la vocera oficial del instituto, irrumpió la hora del descanso para hacer el esperado anunció de las optativas escolares.
Tomar una optativa era obligatorio para cualquier estudiante, y mientras algunas materias como el equipo de Animadoras o Baloncesto eran optativas tremendamente solicitadas, otras, como el club de drama, estaban en peligro de ser clausuradas por la falta de apoyo. Caylis, como directora de drama, estaba determinada a salvar el teatro escolar.
Caylis Grenouille era una chica bohemia de grandes sueños e intereses artísticos. Ella y su círculo social eran distantes a los intereses y aspiraciones que sentían el resto del colegio. No se tenía ni una pizca de interés en los cotilleos y habladurías del instituto, por muy jugosos o escandalosos que fueran. En realidad, era sólo el teatro lo que le interesaba de ese “lugar plagado de adolescentes”. Solía reunirse con sus amigos en un lugar alejado del barullo, aquellos compartían esa apatía por los chismes diarios. Su mejor amiga era Yasmin, una romántica y lectora incorregible, era sin embargo una buena amiga de Arydan de quién lamentaba ser tan sólo una amiga para él; Zaccharie Bonnet era el único varón de aquél grupo y el chico al que muchos llamarían  Millennial por excelencia: Vegano, ecologista y amante del indie y pop de los 80´s,  que le costaba encajar en GreenHills high (o el cualquier otro bachiller) gracias a su apatía hacia lo socialmente popular. Caylis y él se habían hecho amigos cuando descubrieron que compartían el mismo amor por la aventura y el aire libre, también porque ambos provenían de los pomposos suburbios adinerados dónde se sentían desencajados. Y finalmente estaba Gemm Bronte, una rubia hippie que había encontrado en ellos una afinidad al ser los únicos que tomaban en cuenta sus esfuerzos por defender los derechos de los animales. Gemm no gozaba de gran aprecio al continuamente invitar (inútilmente) a los estudiantes a unirse en distintas propuestas a favor de los derechos de los animales. Cada día encontraba una nueva especie que salvar y por tanto, cada día tapizaba la escuela con volantes de algún movimiento Greenpeace distinto.
Cay sabía que ninguno de sus amigos podrían apuntarse a la organización de teatro. Yasmín había alcanzado un codiciado lugar en el taller de escritura, Zaccharie ya se había inscrito al club de periodismo y Gemm no tenía cabeza para ello, la junta de firmas para salvar a las ballenas era todo lo que le importaba en ese momento. Así que aprovechó que la chica hippie emprendió su recolección de firmas para ir a encontrarse con el único alumno que, como a ella, le importaría salvar el club de drama.
John Cutter estaba almorzando en la mesa paralela a la de los profesores, aquella donde congeniaban los alumnos con sobresaliente y honoríficos en la boleta. Se habían hecho amigos cuando el año anterior la directora organizó una junta especial para entregarles unos diplomas de distinción en una elegante junta con padres invitados. John era, entre la coloquialmente llamada “la mesa de los nerds”, aquél rubio larguirucho y tímido, que miraba atentamente a Marisa Carter cuando fue interceptado por Caylis. Ambos acordaron comenzar las audiciones y un tema atractivo para presentar como obra ese año.

La directora Bicchi

Ajena a la mirada de John, Marisa se alistó para dejar la cafetería y encaminarse a la siguiente clase.
Carter no era el mejor modelo como estudiante de bachiller, era una alumna condicionada con una tendencia inevitable hacia los problemas. Su gusto por el alcohol no era ningún secreto, el temperamento volátil y la actitud hosca hacia los compañeros tampoco ayudaba a su currículo académico. No hablaba demasiado de su pasado, ya que era huérfana y los recuerdos de su padre le eran dolorosos. Actualmente vivía con su tía, una mujer mayor, en una modesta casa en Green Hills.
En su trayecto hacia la salida de la cafetería accidentalmente tropezó con Ehonar provocando que su chaqueta favorita terminara bañada en café. Por fortuna Scott estuvo cerca y alcanzó a detener cualquier reacción que le hubiese dejado el ojo morado al pobre Ehonar. Mandó a Marisa directo a la dirección de Ms. Bicchi. La directora de GreenHills High.
Bicchi se encontraba ocupada atendiendo a un alumno por lo que Marisa se vio obligada a esperar fuera de su oficina. Otro chico salía de una reciente audiencia con la directora, la misma mano derecha de Arydan, Jason Kraft. Después de un breve intercambio de palabras, Jason haciendo honor a su personalidad chapucera y socarrona, le apoda amigablemente a Marisa “Chaketa Latte”.
Una vez que el co-capitán de baloncesto se marcha, Marisa dio un vistazo al alumno que atendía la directora. La castaña se percató de que era su propio amigo Gárin Killian. Al parecer Gárin había sido pillado fumando fuera de la escuela, algo que usualmente hacía, pero en esta ocasión la reprenda había sido más dura y más seria, pues además de la directora, el chico era también sermoneado por su tutor legal, Jonathan, quién habría salido de su trabajo para darle el ultimátum al joven. Al parecer a Garin ahora en adelante tendría vedada la motocicleta hasta nuevo aviso. Marisa sabía que era un golpe duro para su amigo, puesto que el chico era inseparable de aquella máquina.
Una vez que por fin fue su turno de sentarse frente al escritorio de Ms. Bicchi, Marisa fue alertada por un ultimátum en el que las reglas serían estrictas y su actitud hosca debería mermarse. Entre estas cosas estaría prohibido el aliento a alcohol, agredir a sus compañeros, mejorar su rendimiento académico y por último, asistir en el club de drama ya que se trataba de la optativa que requería más apoyo por parte de los estudiantes. Marisa no tuvo otra opción que aceptar los nuevos términos de la directora imponía.

El chico del Reformatorio

El primer día de clases había terminado. Zaccharie leía una noticia acerca de las carreras de motocicletas que estaban causando destrozos en GreenHills. La policía local junto con el Gobernador Dagorlad colaboraban juntos para que aquellas carreras ilegales cesaran.
Zak conocía al hijo del gobernador, Luxhienn Dagorlad, el año pasado había asistido al club de debate junto a él, ahora el hijo del gobernador era parte del comité de estudiantes junto con Iraya.

Cuando se dispuso a abandonar el instituto accidentalmente tropezó con un muchacho que estaba a mitad de paso, haciendo que todo material que tenía en las manos cayera al suelo. No fue si no el móvil del chico aquél que hizo más ruido cuando se estrelló en el suelo y la pantalla quedó agrietada. Apenado por el descuido, Zak le ayudó a levantar los cuadernos y libros. No tardó en darse cuenta que aquél chico al que le había roto el celular era Enid Alcander. No era un chico cualquiera, de hecho los estudiantes le temían tanto o más que al propio Dalahir Wael o Marisa Carter, y aunque Zak era alguien ajeno a los rumores escolares, sabía de sobra que Enair portaba el desafortunado gafete como el apestado oficial de Green High. Se decía que ese chico había cometido un terrible crimen en el pasado, los rumores variaban entre asaltos a mano armada hasta asesinato a un familiar cercano. Peor que un marginado como lo era Zack, p peor que el grupo de “chicos con habilidades especiales”, quizá peor que cualquiera en el instituto; Enaid llevaba su estiga en su tobillo: un rastreador policial. Había estado preso en el reformatorio estatal y eso lo hacía a ojos de cualquier alumno, alguien tan atractivo como la lepra o la fiebre escarlata.

Zak sin embargo se ofreció a pagar los desperfectos de su celular y a pedirle el número de contacto. Una vez que éste se lo otorgó y se marchó, por fin se encontró con su amiga Caylis quién había estado demorando intentando arreglar aquellos los asuntos de teatro.
Al no tener planes para la tarde después de aquél primer día de clase invitó a su amiga a comer y pasar el día a GreenLake, el club deportivo y social de la zona acaudalada de la ciudad, pues como miembros de los suburbios adinerados poseían una membresía en aquella asociación.

Green Lake

Laurane, como solía hacerlo a menudo, acompañó a sus amigas al exclusivo spá del club deportivo Green Lake. Monique había reservado una sesión de masaje y manicure para ella y sus dos amigas. Era algo que Cat parecía disfrutar, sin embargo Laurane reconocía que comenzaba a sentirse casada de aquellos hábitos tan frívolos, especialmente ese día en el que se habrían pospuesto las audiciones de animación para acudir a una cita en el spa. No tenía ánimos de ojear revistas de moda y discutir los atuendos de temporada, pero tampoco podía ser descortés con su amiga.
No fue hasta que miró algo inusual a través de la ventana con vista al gran lago, al que el club debía su nombre, que se aventuró a separarse por un momento de sus amigas. Owen, a quién conocía como su profesor de historia en GreenHigh, arreglaba un jetboat en el muelle. ¿Desde cuándo los profesores de historia practicaban mecánica?.
Laurane se acercó y se percató que junto con él estaban dos estudiantes a los que apenas conocía de vista. Esa chica que atendía el teatro, y ese muchacho que alguna vez había visto cruzar el pasillo del instituto.
Owen de vez en cuando reparaba los jetboat del aquél club, era un mecánico de tiempo libre y al parecer estos chicos eran buenos amigos de su sobrina, Yasmín, a quien relacionaba como una de las mejores amigas de Arydan, el novio de Monique.
El profesor Invitó a los tres estudiantes a probar el los squies del jetboat y Laurane, por unas incontenible necesidad de salir de la rutina, no pudo negarse. Cualquier cosa que implicara adrenalina y velocidad, la embelesaba.
Fue un momento de risas y emoción en el que terminó empapada de pies a cabeza. Unos momentos más tarde se encontró engullendo una hamburguesa doble con estos chicos a quienes recién había conocido. No fue a acordarse de que tenía cita en el Spa hasta que Monique la encontró y reprendió por haberse perdido de repente y haber faltado a la cita del manicure.

La invitación

Monique du Blanc era una de esas mujeres que sabía lo que quería, cuando lo quería y como lo quería. Tenía su vida planeada y aspiraba a ser la mejor en todo lo que se propusiera. Así es como había logrado ser capitana del equipo de animadoras de Green High, así es como había conseguido ser la chica más popular y así es como había conseguido conquistar al hombre más deseado del instituto.
Su padre, un hombre de éxito y dinero, siempre se lo había dicho: “Si quieres ser la mejor, debes rodearte de los mejores”. Por eso es que para ella era inconcebible ver a Laurane acompañada de esos insulsos chicos de “baja categoría social”.
El amigo de su padre estaba por abrir un lujoso bar en Green Hills, Monique junto con otra gente de alta alcurnia y socialité estaría invitada. La sofisticación y el glamour era su terreno, no había nada mejor que, a sus 17 años, asistir a eventos donde personalidades reconocidas, celebridades, promotores de reconocidas marcas y otros invitados de gran peso social pudieran notarla.
Cuando recibió la invitación personal para asistir a la inauguración no dudó en ir acompañada de sus leales amigas, Cath y Laurane, sin olvidar a su novio Arydan, todo parecía perfecto. Sin embargo aún tenía el sabor amargo de esa tal “Naharwyn” en la boca. No pensaba perdonarle tan fácil la osadía de llamarle zorra y salirse con la suya.

La Prueba de las Nutrias

Naharwyn era una chica más frágil de lo que aparentaba. Le gustaba mostrar esa faceta dura y antipática ante todos, pero fuera del caparazón era un tanto insegura. Sufría de pánico escénico y en ocasiones no se sentía lo suficientemente bonita. No lo admitía a nadie, pero también estaba secretamente enamorada de Arydan Kaylen, aun cuando sabía que alguien como él no se fijaría en ella. Hombres como Arydan solo se fijaría en mujeres como Monique du Blanc, aun cuando estas fueran desalmadas, arrogantes y déspotas.
Había sido la “tiburona” del equipo de natación el año pasado. Se había ganado el mote gracias a su pelo azul y su elevado nivel en competencia, quizás demasiado elevado. Estaba encima que el del resto de las nadadoras del instituto, tanto era que se aburría durante las clases y había decidido dejar el equipo para entrar en algún otro deporte que representara un verdadero desafío para sus capacidades. Por eso es que le había ofendido tanto que Monique Du Blac pusiera en duda sus habilidades. ¿Cómo podrían unos cuantos saltos bobos ser más demandantes que nadar 3 kilometros a toda velocidad en agua helada?. Desde el día anterior en la cafetería, Naharwyn se había propuesto demostrar a esa engreída que no hacía falta ser una diva para triunfar.
Era aquello por lo que estaba determinada a acudir a la prueba para entrar al equipo de animadoras.

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